En el primer abril de los ochenta aparecí yo y eso que mi madre juraba y perjuraba que no estaba de parto. Tenía tantas ganas de salir a ver el mundo que era del tamaño de una barriguita. Por cierto, que estoy muy orgullosa de no haberla hecho nada de daño, aunque ya fuera, con el desorden de mi habitación constante, la desesperé hasta la saciedad.

Fui una niña sana, responsable, imaginativa, cantarina, bailarina y feliz.

Fui una adolescente estudiosa, desordenada, cantarina, discotequera, y enamoradiza.

La suma da como resultado a una mujer: impaciente, desordenada, cantarina, creativa, romántica, espontánea, cada día menos estudiosa, y por el momento, muy feliz.

Ferb, es la unión de mis dos apellidos. No soy americana, ni canadiense, soy de Leganés ¡qué leches!

Empecé a escribir en el cole, como todos, y hasta que no he entrado en la indeseada treintena no he descubierto lo que me divierte hacerlo… Antes compuse canciones, hice poesías a mis quince, y en mi vena artística interpretativa, que existe a la par que la escrita, redacto mis monólogos y escenas.

Estudié enfermería en la Universidad Complutense, y comencé a trabajar con veintiún añitos… Es una profesión, difícil, cansada, poco valorada, y de la que siempre me ando quejando, pero ¿qué haría yo sin ir al hospital y charlar con mis compis?

He descubierto, por fin, que necesito de varias cosas para completar mi pirámide de la felicidad y autorrealización. No podría ser únicamente actriz, ni enfermera, ni escritora… ni amante de los libros, de las series, del cine, de los viajes, del mar… Paso por la vida, con paso firme, intentando enriquecerme de momentos —y hecho la primitiva semanalmente, por si las moscas—. Para ello disfruto de una familia estupenda, de una madre que me sigue alimentado y de un príncipe azul que me acompaña y me alienta. Vivo en un pisito en el extrarradio de Madrid, aunque me iría, sin pestañear a Nueva York.

En mis libros vas a encontrar historias frescas, románticas y divertidas, para hacerte el día más llevadero, para leer en la playa, o en el metro (si lo haces, te ruego que no tapes la portada, no hay mayor publicidad que esa), o antes de dormir o… dónde quieras pasar un buen rato.

Y si te gustan, házmelo saber, me encantará conocerte.


Un beso o un saludo o un abrazo... lo que desees.

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